lunes, febrero 13, 2006

La Flor del sendero oculto

Cuatro lunas llevo caminando y cansada, mi garganta pide a gritos un poco de agua.
Estoy cerca del sendero, pero no hay más que matojos por doquier.
Oculto bajo las matas de arbustos secos carcomidos por la sosa, se que está mi destino.
Todo es desierto a mis pies. Tumbo mi pesado cuerpo y escucho el ulular del viento.
Te Espero.
La sabana me envuelve y me arropa como a un infante, y el calor intenso de una tórrida tarde de Agosto me cocina haciendo de mi piel sarpullidos.
Los arbustos arden y el camino libera su luz, resguardada tras muchos años de incansables búsquedas.
¿Cuantos peregrinos habrán sorteado este camino? ¿Cuantas habrán pasado de largo?, ¿Cuantos habrán sucumbido sin encontrarte, casi en sus mismos lindes?
Sólo hay que esperar el momento del día. Cierta hora y cierto lugar... Y padecer, palidecer y sufrir.
Amanezco sentado bajo los matojos secos, con los brazos castigados y sufridos por el sol, pero no importa, ya he visto la señal.
Una flor lanza al viento su polen y me indica la dirección. Un espejismo cruel me engañaba y lo que una inmensa montaña parecía, era un simple montículo que ocultaba tres arbustos florecidos.
Ya se por donde he de seguir. He visto el sendero justo detrás, pero también tres, sus posibles ramales.
Uno me lleva hacia atrás. Un sendero costeado por cerezos, nogales y olivares.
'El Sendero del Pasado'.
Bello a la vista pero imposible al tacto. Sus frutos ya maduros han caído y bañado el suelo, formando un manto resbaladizo e inestable.
Por ese nunca has de seguir, ir hacia atrás sólo te sirve para malgastar tu tiempo en cosas pasadas.
El segundo es hacia abajo. Una apertura en la tierra me muestra una puerta majestuosa pero visiblemente inaccesible e inhóspita.
Es un camino difícil de seguir, pero con sabiduría y conocimiento, es el más seguro.
'El Sendero Interior'.
Por último, el central. Un camino luminoso pero opaco que no se muestra visible para conocer sus misterios.
'El Sendero del Norte'.
Una espesa niebla hay entre él y yo y sólo al pasar permite ver los olivos y nogales que ofrecen sus frutos maduros al camino para borrar las huellas.
Hago un alto en el camino. Mi interior me dice que siempre siga hacia el norte, pero mi exterior me susurra que me sumerja en la tierra.
La decisión es mía, debo recapacitar...Pero ¿Que camino he de seguir?